La Luna Ascendente

Make a Donation

Una parte importante del modo de vida pagano radica en la relación que se establece con los ritmos naturales. Esta relación no es de menor importancia, antes bien, la minusvalía que se hace de ella es correlativa al predominio de la mentalidad cristiano-moderna. Algo semejante sucede con las nociones del bien y el mal, las cuales se corresponden con esta mentalidad antes que con el mundo pagano antiguo.

Para las tribus del pasado, la supervivencia recaía en establecer una relación armónica con los ritmos y procesos naturales. En su lugar, el pensamiento cristiano-moderno que coloca al ser humano por encima de la naturaleza, se aparta sistemáticamente de estos procesos y más aún, pretende modificarlos a su antojo. En este sentido, la cultura pagana y con ella, la hechicería, no tiene nada de sobre-natural. Por el contrario, es la cultura científico-técnica y su precurso en el pensamiento cristiano la que plantea una relación sobre-natural.

La cultura pagana no está por encima de la naturaleza, sino que se reconoce parte de ella y sometido a ella. Por ende, los ritmos naturales establecen la pauta y la ley suprema que incluso somete a la divinidad. Si hay la necesidad de hacer un ritual de prosperidad sin estar en fase creciente de la luna, por ejemplo, y si un hechicero dice que no hay razón de espera hasta entonces, ello se debe a que en el fondo se piensa y se concibe al mundo “cristiana” y monoteístamente con la humanidad al centro.

A la naturaleza poco le importan nuestras necesidades y apremios. Antes bien, la humanidad debe planear y prever teniendo en cuenta la ley natural. Es bien sabido que quien no almacena sus excedentes, ni trabaja lo suficiente para obtenerlos, no podrá sobrevivir al invierno y de nada servirá hacer un ritual e incluso sacrificios. Ni los dioses, ni mucho menos los ciclos naturales están a nuestro servicio.

Los antiguos tenían en cuenta todos los signos que pudieran advertirles de la fatalidad con objeto de tomar medidas para sobrevivir; debían conocer los ritmos estacionales; las épocas de migración; los signos que les indicaban la salud de la tierra o los riesgos de alguna plaga. Si algo sucedía es que la armonía se había perturbado y era menester recuperarla ritualmente pero también, mediante acciones.

En la actualidad todo ello nos disgusta. Si queremos algo, lo queremos ahora. Si deseamos a alguien, buscamos los medios para cumplir nuestro capricho. Consumimos y devastamos con brutal excedencia, seguros que alguna fuerza divina o científica encontrará la manera de ayudarnos. Se dice que los dioses mandan pero en realidad se los trata como si estuvieran a nuestro servicio.

Por ende, todos los rituales que son propicios para favorecer el crecimiento, se realizan en periodo ascendente. Si dejamos pasar los ciclos y los ignoramos, hacemos del paganismo una pose. En realidad no estamos estableciendo una relación con el entorno, sino manteniéndonos inmersos en la centralidad del hombre para la cual, el paganismo se convierte en una moda y un fetiche.

Quien sienta el impulso por comenzar un modo de vida pagano, debe iniciar por conocer y seguir los ciclos naturales. Antes que abrazar un árbol, en los ciclos recae el verdadero sentido de unidad con la naturaleza.

Make a Donation

Anuncios